Hay un momento, después de cada prueba, en el que el cuerpo aún está cansado pero la cabeza ya empieza a correr de nuevo. No sobre la bicicleta, sino hacia atrás: hacia todo lo que ha pasado. ¿Qué ha funcionado? ¿Dónde he perdido tiempo? ¿Qué podría haber hecho diferente?
Durante un tiempo, mi manera de analizar estas preguntas era tan simple como rudimentaria. Terminaba una carrera y, con el móvil en la mano, abría el bloc de notas y empezaba a reconstruirla pieza a pieza, literalmente. Apuntaba todo lo que me parecía relevante: a qué hora había empezado el primer día, cuántas veces me había detenido, cuánto tiempo había estado parada en cada parada, si había dormido o no, y durante cuánto tiempo. Lo mismo para el segundo día, el tercero, y los que hicieran falta. Después venía la parte “divertida”: la calculadora del móvil. Sumaba minutos y horas, restaba tiempo en movimiento, e intentaba entender cuánto había estado realmente pedaleando y cuánto había estado parada. “Primer día: X horas parada”. “Segundo día: Y horas durmiendo”. “Tiempo total en movimiento: Z”. Era un proceso lento, manual y a menudo un poco caótico, pero también profundamente revelador, porque en esos números había respuestas.

Ya sabemos que, en carreras donde probablemente ninguno de nosotros va a ganar (¡o sí!), el margen de mejora no está tanto en ir más fuerte —que también— sino en hacerlo todo un poco mejor: un poco más eficiente, un poco más rápido en lo que no es pedalear. Comer sin perder tiempo, parar menos (o mejor), dormir lo justo y necesario, evitar pequeñas decisiones que, sumadas, se convierten en horas. Durante dos o tres años, este fue mi ritual después de cada aventura: revivir la carrera a través de datos que yo misma reconstruía manualmente. Era casi una segunda carrera.
Hace poco empecé a hacerme una pregunta evidente: ¿y si pudiera automatizar todo esto? Si al final siempre estaba buscando lo mismo —tiempo en movimiento, tiempo parada, distribución del descanso, patrones entre días—, ¿por qué no crear una herramienta que me lo diera directamente? Los servicios que usamos funcionan bien en el día a día, pero en pruebas o actividades muy largas no ofrecen lo que buscamos. Yo misma, para hacer números, he tenido que combinar Strava, Garmin, Veloviewer, etc. Así nació la idea de la página web, no como un gran producto tecnológico, sino como una solución muy personal.
La web hace, básicamente, lo que yo hacía a mano: toma los datos de la carrera y los transforma en información útil. Cuánto tiempo has estado en movimiento, cuánto has estado parado/a, cómo se distribuyen esos tiempos por días, cuánto has dormido y dónde ha habido ineficiencias.
Al final, las carreras de ultradistancia son una mezcla extraña entre aventura y rendimiento. No estamos allí solo para competir, pero tampoco solo para pasear: buscamos hacerlo lo mejor posible dentro de nuestros objetivos, que quizá no son ganar, pero sí completar una buena actuación. Optimizar no significa obsesionarse, significa respetar el esfuerzo que estás haciendo y entender que una hora perdida en una parada innecesaria puede ser una hora menos de sufrimiento después, una mejor posición final o simplemente una mejor sensación al llegar.
Mirando atrás, aquel bloc de notas lleno de números desordenados fue el principio de todo. Era imperfecto, pero tenía algo esencial: la voluntad de entender. Ahora, con una herramienta que automatiza ese proceso, esa voluntad sigue siendo la misma; solo ha cambiado la forma.